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¿Y ahora?

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La ansiedad que me invadió al ver las noticias de una reunión del Consejo de Ministros y el anuncio de un mensaje a la nación (que esta vez empezó casi puntualmente) fue  una sensación que también azotaba a quienes conversaban conmigo vía redes o teléfono, los rumores de medidas más fuertes rondaban distintos grupos e incluso circulaba un conjunto de medidas que ya nos daban la señal de que algo iba a ocurrir.

Cuando empezábamos a recuperar la economía tanto de nuestro país como la economía personal de cada uno nos topamos con esta segunda ola tremendamente anunciada una y otra vez. Hemos tenido ejemplos reiterados de los países que ya estaban pasando por aquella situación que, para variar, creímos tan lejana a pesar de haber tenido consecuencias fatales por el virus que invadió nuestras vidas casi sin darnos cuenta.

El 2020 hemos sido testigos de innumerables hechos que debieron marcar más profundamente nuestras vidas y así darnos cuenta que la amenaza es real, que de un momento a otro vimos escenarios terribles como familiares contagiados, conocidos, amigos o parientes que fallecieron, negocios quebrados y demás acontecimientos que, al parecer, no ha calado como debería en la mente y memoria de cada uno de nosotros.

La nueva cepa del COVID ha vuelto a desnudar nuestras falencias como sociedad, así como también las falencias de nuestros gobernantes que, curiosamente, no son las personas que fueron elegidas para esa tarea por el pueblo, esto por razones que conocemos demás y de lo cual no vamos a dar más detalles por tratarse de una historia harto conocida.

Al momento en que escribo se han reportado 5,000 casos de nuevos contagios, esta vez con un parámetro de edad mucho mayor al presentado el año pasado. Sólo ayer se registraron 200 fallecidos por COVID, con la posibilidad de que el número real sea mayor. Sin embargo, el grueso de la población sigue sin guardar los protocolos requeridos para poder tener cierta sensación de seguridad, actitud que ha llevado al Ejecutivo a retomar medidas que, se ha demostrado, no funcionaron antes y, es lo más seguro, ahora tampoco funcionen.

Pero ¿qué tiene que ver todo lo expuesto con el mercado inmobiliario? Pues detallemos algunos casos: la labor inmobiliaria es de por sí un negocio que implica salidas constantes de parte de los asesores y/o agentes inmobiliarios para el desarrollo de la actividad, mostrar propiedades, asistir en las distintas firmas de los contratos que forman parte de las distintas operaciones de compra venta, arrendamiento, etc.

Ahora bien, se supone que debemos filtrar con mayor detalle a los interesados en visitar las propiedades que tenemos en cartera, sin embargo, hay aún algunos inmuebles que despiertan un interés muy fuerte y se generan visitas constantes a los mismos lo que nos expone a un potencial riesgo al tener que movilizarnos para poder atender dichas visitas, si a esto sumamos que la mayoría de agentes, oficinas, agencias, etc. tiene un inventario de propiedades bastante nutrido, pues las visitas se multiplican.

A todo lo expuesto tenemos que añadir que la mayoría de personas dedicadas a la labor de intermediación inmobiliaria utilizan el transporte público, conocido por ser un foco constante de contagio por la poca o nula obediencia a las normas que guardan usuarios como operadores, lo que ocasiona que nuestros colegas que se movilizan en las distintas líneas de transporte estén más expuestos al virus que aquellos que cuentan con movilidad propia.

Con el endurecimiento de las restricciones estamos retrocediendo mucho en cuanto a temas económicos se refiere. Nuevamente las notarías, SUNARP, SUNAT, municipalidades, etc. que son los entes que intervienen directamente en nuestra labor dejarán de trabajar por 15 días (en principio) aunque, y esto es sólo una opinión personal, ya es muy poco creíble que ése sea el plazo real de dichas medidas, cometiendo así uno de los errores más criticados al vacado ex presidente Martín Vizcarra, pues nos sometía a la angustia de esperar el mensaje que anunciara la extensión de esa norma; esto no nos permitió planificar nada.

Sin tener claro aún cuándo podrá el grueso de la población acceder a vacunación alguna, con el colapso del sistema de salud, con las listas de espera para el acceso a camas UCI, con un gobierno que poco o nada hizo en un período de un año para poder capear esta segunda ola, sin tener certeza de que las próximas medidas a tomar por el Ejecutivo sean realmente por el plazo anunciado sólo queda que los emprendedores en este rubro nos traguemos los temores, a estar en alerta permanente por la constante exposición a la que nos sometemos día a día cuando salimos a trabajar, al menos hasta el 30 de este mes, sin fecha cierta de retorno.

El comienzo de este año ha sido bastante prometedor, es deseo de todos los actores del sector que esa sea la tendencia y que las nuevas restricciones que dicte el Ejecutivo sean las mejores para tratar de conservar el equilibrio entre salud y economía, aunque ya nos dimos cuenta que la incapacidad de nuestras autoridades no buscará ello. Definitivamente este gobierno sólo ha conseguido una nota desaprobatoria y ha demostrado una preocupante ineficiencia, ¿Podrá cambiar esta situación en sólo 15 días? Realmente no lo creo, y eso es más que preocupante.

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