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Ese inmueble es mío

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A lo largo de este camino que escogí para ganarme la vida como agente inmobiliario me he topado con múltiples clases de “agentes” que más parecen de un club en donde hay que pagar una especie de membresía para poder “jugar en su patio” y otros que son la cara opuesta de esa molesta moneda: aquellos que hacen un trabajo bien hecho, que realizan un análisis  correcto de los precios, la situación legal y tributaria de los inmuebles que tienen en cartera y que, por si fuera poco, comparten la comisión por la venta o el alquiler de dichas propiedades.

Si alguna restricción es factible y hasta digna de aplaudir es que para compartir el trabajo llegan a solicitar que el colega que tiene al cliente comprador o al inquilino tenga el código de agente inmobiliario, cosa que a mí también me parece justo pues los que tenemos dicho código sabemos que no sólo tuvo un costo monetario.

Ojo, no soy de excluir a aquellos agentes que no tuvieran su registro pues por X razones podrían haber aplazado dicha decisión, aunque trato de que aquellos asesores sean recomendados o conocidos míos, de esta manera puedo tener una idea de con qué tipo de profesional estoy tratando.

Ahora bien, es un poco complicado y hasta frustrante que habiendo pasado por todos los acontecimientos que nos sorprendieron este año, que con la desaceleración en la economía, con la incierta cuarentena que no nos daba un tiempo cierto en el que íbamos a poder volver a trabajar, con la inminente baja de los precios en algunas propiedades y con absolutamente todo lo que ya sabemos demás aún existan aquellos agentes que insistan en aquellas políticas tan fuera de foco como “si perteneces a tal red puedo compartir, si no pues no puedo”, “sólo comparto el 40% de la comisión”, “es el inmueble de otro colega”, “ya lo estoy compartiendo con otro” y un largo y lamentable etc.

La realidad nos ha demostrado una y otra vez que sólo el trabajo en equipo permite llegar mucho más lejos que haciéndolo solos. Un claro ejemplo de ello es lo que pasó en la última Champions League: El actual campeón, el Bayern de Munich es un equipo en toda la dimensión de la palabra (para los que nos gusta el fútbol el ejemplo será más fácil de entender), todos los jugadores se ponen el equipo al hombro desde sus respectivas tareas: todos marcan al rival hasta ahogarlo por la presión, las líneas se pueden apreciar claramente en el campo, por más que hay jugadores que son muy reconocidos en el mundo no son un equipo con alguna estrella que brille más que los demás, todos están a disposición del equipo y no el equipo a disposición de alguno o algunos en particular y los resultados los avalan ya que la efectividad del club alemán fue del 100%, es decir, ganó absolutamente todos los partidos de esta campaña dejando incluso humillado al que fue auto proclamado “el mejor equipo del mundo” y al que le embolsaron nada menos que ocho goles y hasta se dieron el lujo de regalarle un auto gol.

Por otro lado, los dos equipos que suelen jugar para hacer lucir a su estrella (Messi en Barcelona y Neymar en PSG) sucumbieron ante el arrollador trabajo en equipo del elenco alemán. Se preguntarán ¿Y esto qué relación guarda con el mercado inmobiliario? A lo que yo podría re preguntar ¿Se acuerdan de lo que dijo Vidal antes del partido? Si no lo saben o no lo recuerdan el chileno dijo: “El Bayern no va a jugar contra un equipo de la Bundesliga (torneo de fútbol de Alemania) van a jugar contra el mejor equipo del mundo” y les terminaron encajando ocho goles como ya lo dijimos líneas arriba; ¿no les hace recordar a eso de “vendemos inmuebles cada 30 segundos”?.

Del mismo modo, en la final se suponía que el equipo alemán se enfrentaba a la dupla más letal de Europa: Neymar y Mbappé y estos pasaros casi desapercibidos, casi no les llegó la pelota, otro jugador (Di María) cobró mayor protagonismo y sorprendentemente fue sustituido para no opacar a sus “estrellas”; ¿no les suena parecido a “no compartimos la comisión con agentes que no pertenecen a nuestra red”?.

Y así podríamos citar muchos ejemplos de la tremenda lección de humildad y trabajo en equipo que nos dejó dicho certamen deportivo, ejemplo que perfectamente podríamos aplicar en nuestra labor con la única finalidad de ampliar el abanico de posibilidades para aquellas personas que nos confían sus propiedades con la misión de que les podamos conseguir el cliente ideal; ¿no es esta una razón suficiente para descartar la idea de que “puedo solo”?

 

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